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Ante la amenaza de ser detenidos, los influenciadores cristianos cubanos siguen exigiendo libertad

Los jóvenes están utilizando las redes sociales para difundir el Evangelio y denunciar al régimen comunista.

Screenshots from several Cuban influencers' accounts.
Christianity Today April 24, 2026
Ilustración de Christianity Today / Fuente de imágenes: Instagram, YouTube

Ernesto Ricardo Medina comenzó a grabar videos cortos con sus amigos a principios de 2024 en una habitación pequeña, un cuartico de su casa en Holguín, Cuba. Para 2026, ya se había convertido en una de las principales voces cristianas que se alzaban contra el gobierno cubano.

«Jesús es el Señor, no el PCC [Partido Comunista de Cuba]», declara Medina al comienzo de un video publicado el 26 de enero en su cuenta de Instagram @el4tico, (abreviatura de cuartico). Detrás de Medina, en la pizarra de su emblemático estudio improvisado se lee «Dios es el Señor». A su derecha hay un viejo ventilador de mesa ruso que gira sobre su propio eje, pero cuyas aspas no giran, con unas gafas de sol colocadas sobre dos de sus aspas inmóviles: una buena metáfora de la futilidad del Estado cubano.

«Nos han robado todo: la comida, la salud, la esperanza. Nos han robado el respeto por nosotros mismos», continúa Medina, animando a sus compatriotas cubanos a deshacerse del miedo y a decir la verdad. «… que empieces a vivir [como] si tu vida valiera algo más que obedecer», dice.

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Casi 70 000 personas reaccionaron con un «Me gusta» al video. Once días después, el 6 de febrero, las autoridades detuvieron a Medina, de 32 años, y a su compañero de rodaje, Kamil Zayas Pérez, por «delitos de propaganda contra el orden constitucional e instigación a delinquir». Siguen detenidos a pesar de los llamados que resuenan en las redes sociales y exigen: «#freeel4tico».

A principios de abril, Medina logró hacer llegar de forma clandestina un mensaje a sus hermanos cristianos cubanos escrito en hojas de papel higiénico.

«Mi libertad, la anhelo con un profundo deseo, pero sé que esta es una oportunidad que el Padre me dió para glorificarse en mí», escribió Medina. «El es Dios de toda consolación y aunque el dolor ha sido más grande de lo que imaginaba, más grande ha sido su presencia».

A pesar de las amenazas y las detenciones, los influenciadores cristianos cubanos como Medina han utilizado las redes sociales en los últimos años como herramienta para proclamar a Cristo y luchar por la libertad. Sus palabras resuenan en los videos cortos de YouTube, los carretes de Instagram y las publicaciones de X, con mensajes como «Soy cristiano y anticomunista», «Libertad para Cuba pronto» y «¡Abajo la dictadura!».

En conjunto, los influenciadores cubanos Iván Daniel Navarro, David Espinosa y Anna Sofía Benítez Silvente cuentan con cientos de miles de seguidores. Nunca antes el mensaje antisocialista, un tema prohibido en bibliotecas y universidades, había sido tan influyente y accesible en el país, afirmó Yoe Suárez, periodista cubano cristiano exiliado y analista del Family Research Council. Suárez fue pionero del periodismo cristiano independiente en Cuba, lo que le valió el acoso del gobierno y su eventual exilio a Estados Unidos.

«Estos influencers evangélicos son las voces políticas independientes dentro de Cuba de mayor alcance hoy», afirmó Suárez.

Sin embargo, decir la verdad tiene un alto costo en Cuba, un Estado autoritario donde las iglesias están muy reguladas y el discurso contra el gobierno es ilegal. En una entrevista reciente, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel afirmó que no hay presos políticos en la isla y que los cubanos son libres de protestar. La realidad demuestra lo contrario. Los disidentes que expresan sus ideas en línea se enfrentan a intimidaciones, interrogatorios, detenciones, vigilancia y amenazas de pérdida del empleo o de reclusión en prisiones conocidas por sus abusos contra los derechos humanos.

El actual movimiento de resistencia cristiana en línea es una cristalización de varios factores, según Suárez, entre ellos la autorización del uso del internet doméstico en 2017 y la introducción del acceso a internet 3G para teléfonos móviles un año después. Suárez afirmó que cree que el régimen vio una oportunidad económica en la venta de costosos datos móviles, sin darse cuenta de que esto proporcionaría a los cubanos una vía para expresar libremente sus frustraciones.

Además, en la última década, los cristianos evangélicos se han involucrado cada vez más en el activismo político, comenzando con el Movimiento Cívico Evangélico en 2018 y continuando con las protestas del 11 de julio tres años después. También conocidas como «11J», estas manifestaciones que tuvieron lugar después de la pandemia por COVID-19 reunieron a miles de cubanos que marcharon pacíficamente para reclamar mayores libertades y alivio económico. El gobierno cubano respondió con una violenta represión y detuvo a más de 700 manifestantes, entre ellos pastores evangélicos y feligreses.

Durante muchos años, el lema «los cristianos no se meten en política» definió el papel de la iglesia en la sociedad. Esta filosofía, según Suárez, es una herramienta que utiliza el régimen para evitar que «el gigante dormido» de la Iglesia despierte.

Iván Daniel Navarro, un productor audiovisual de 22 años de edad, creó originalmente su canal de YouTube Voz de Verdad en 2018 porque quería compartir el Evangelio con otros jóvenes en Cuba. Nunca fue su intención involucrarse en política, dijo, pero «las injusticias y la situación cubana me arrastraron a alzar mi voz».

Tras hacerse más activo políticamente, la policía lo citó en la comisaría en 2023, donde lo interrogaron y lo amenazaron con el encarcelamiento por criticar al gobierno. A finales de marzo, Navarro y su esposa abandonaron el país para tomar asilo político en España.

«Nuestra misión es predicar el Evangelio y hacer discípulos», dijo Navarro. «Ahora, callar y ser cómplice de las injusticias es todo lo contrario al evangelio».

Muchos disidentes políticos cristianos, como Navarro y Suárez, han huido de Cuba. Los que se quedan lo hacen ya sea porque sienten que el Señor los ha llamado a permanecer, o bien, porque no existe una vía legal para salir. En cualquier caso, se enfrentan al riesgo constante de represalias por parte de las fuerzas de seguridad del Estado cubano.

David Espinosa, de 38 años, creó su cuenta de Facebook en 2014. En aquel momento, la única forma de acceder a internet era a través de la conexión de los hoteles, a una costosa tarifa por hora. Espinosa, productor audiovisual de la Iglesia Bautista Calvario de La Habana, dijo que su propósito inicial era publicar contenido evangélico; pero, al igual que Navarro, no podía permanecer en silencio en materia política.

«He tenido que utilizar lo que tengo a la mano para, de alguna manera, denunciar lo [que está] mal hecho», dijo Espinosa. Desde hace ya «algún tiempo, con mucha prudencia, voy tratando de alzar la voz y proclamar que la verdad es Jesucristo, la verdad del Evangelio, la verdad de la Biblia, y lo malo que están haciendo nuestros gobernantes, y las injusticias que se están cometiendo».

Las autoridades han citado a Espinosa en numerosas ocasiones a la comisaría, incluida la más reciente el 13 de abril, cuando la policía lo interrogó durante casi dos horas y media. Le impusieron una multa de 3000 pesos cubanos (125 dólares estadounidenses), lo amenazaron con encarcerlarlo, le dijeron que la seguridad de sus hijos estaba en peligro y le advirtieron que le confiscarían su equipo de filmación, todo ello para persuadirlo de que dejara de publicar contenido en línea.

Aunque Espinosa está convencido de que está haciendo lo correcto, en ocasiones, la depresión y el miedo también forman parte de su lucha. Afirmó que luchó contra la depresión durante gran parte del año pasado.

«En muchas ocasiones siento miedo», dijo Espinosa. «Yo tengo tres hijos y quisiera verlos crecer».

Espinosa dijo que algunos cristianos siguen sin apoyar lo que hace, y lo han llamado «zelote», «apedreador» y «falso cristiano». Pero son muchos más los cristianos que sí lo apoyan, dijo Espinosa. Sus pastores, familiares e incluso desconocidos de toda Cuba le envían mensajes diciéndole que están con él y están orando por él. Estas palabras de ánimo, dijo, son las que le dan fuerzas para seguir adelante.

«Dios nos ha dado la responsabilidad de decir la verdad y hablar de su Palabra», dijo Espinosa. «Ha sido difícil y es peligroso, pero sabemos que Dios está con nosotros, y por eso lo estamos haciendo».

Anna Sofía Benítez Silvente, de veinte años, también conocida como Anna Bensi, se convirtió en una sensación de la noche a la mañana en octubre de 2025 cuando publicó un video en el que citaba la Constitución cubana y llamaba la atención sobre los derechos básicos de los que carecen muchos cubanos. Su plataforma pasó de sketches humorísticos a videos que pedían el desmantelamiento de la dictadura.

El 10 de marzo, la policía cubana entregó a la madre de Bensi, Caridad Silvente, una notificación que requería que ella misma se presentara en la comisaría al día siguiente. No ofrecieron razón alguna. Caridad Silvente grabó el encuentro, mismo que Bensi subió a sus redes sociales, diciendo: «No les tengo miedo. No me intimidan y, sobre todo, no me van a silenciar».

Al día siguiente, Espinosa, Navarro y otras personas cruzaron la ciudad en coche hasta la comisaría de Alamar, en La Habana, para el interrogatorio de Silvente. La esperaron afuera mientras oraban por ella. Según Bensi, miembros de las fuerzas de seguridad del Estado cubano intentaron convencer a Silvente de que su hija era una mercenaria, una homosexual y que un agente externo le pagaba por publicar contenido. La policía también acusó a Silvente de «exponer a un agente del Estado» por grabar a los agentes el día anterior. La amenazaron con cinco años de prisión, le prohibieron salir del país y la pusieron bajo arresto domiciliario.

Dos semanas después, las autoridades citaron a Bensi en la comisaría, donde la acusaron de la misma infracción que a su madre y también la pusieron bajo arresto domiciliario. En un video en el que compartía los detalles del interrogatorio policial con sus seguidores, concluyó diciendo: «suceda lo que suceda, aunque nos quieren hacer daño, aunque nos quieren hacer mal, todo eso nos va a ayudar para bien. Amén».

Anna sigue subiendo contenido a pesar de estar confinada en su casa, incluyendo llamados para la la liberación de Medina (#freeel4ico) y un video musical grabado previamente titulado «Mi tierra», una melancólica balada folclórica latina que implora la sanación de su patria.

Para complicar aún más las dificultades a las que se enfrentan estos cristianos está el reciente bloqueo petrolero del país por parte de la administración Trump, que ha debilitado a un país que ya estaba en apuros. Los precios de la gasolina se dispararon, la basura se amontonó en las calles, el colapso del transporte público dejó a los ciudadanos varados y muchos alimentos se echaron a perder debido a los apagones rotativos.

Al igual que sus compatriotas cubanos, Espinosa, Bensi y Navarro luchan por obtener productos de primera necesidad y, en su caso, por seguir publicando contenido.

Tras el interrogatorio de Silvente, hubo un día en el que la falta de conexión móvil impidió que ella y Bensi se comunicaran con el mundo exterior. Una semana después, sufrieron un apagón de 30 horas. Aunque los cortes de electricidad y de servicio móvil están aumentando debido al bloqueo petrolero, también se sabe que el Estado cubano provoca apagones intencionadamente «para impedir que la gente se organice o comparta pruebas de abusos contra los derechos humanos», según Amnistía Internacional.

El 9 de abril, Bensi se despertó y descubrió que no podía acceder a su cuenta de WhatsApp, el principal medio de comunicación para muchos cubanos. Otros cubanos que se han pronunciado contra el Gobierno han sufrido el mismo resultado, entre ellos Espinosa y la esposa de Medina, Doris Batista. Espinosa dijo en una publicación que constantemente se encuentra sin servicio telefónico y sospecha que la empresa estatal de telecomunicaciones de Cuba busca «intentar evitar que lo que digo llegue lejos».

A pesar de los peligros físicos, los desafíios políticos y los obstáculos prácticos, Medina, Espinosa, Navarro, Bensi y muchos otros cristianos cubanos se niegan a dejar de alzar la voz.

«Sé que la verdad no necesita datos móviles para abrirse camino», dijo Espinosa al final de la misma publicación. «Y cuando a un hijo de Dios le cierran el paso, muchas veces el Señor mismo le abre senderos en lugares que incluso nadie puede llegar a comprender. No voy a parar de decir lo que he visto y oído. Mi lealtad es al Señor, no a los hombres».

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