Church Life

¿Has visto saltar a los terneros?

Estos cuerpos que inevitablemente se deteriorarán finalmente darán paso a cuerpos incorruptibles que vivirán eternamente.

Christianity Today November 30, 2025
Illustration by Jill DeHaan

Miren, ya viene el día, ardiente como un horno. Todos los soberbios y todos los malvados serán como paja; ese día les prenderá fuego hasta dejarlos sin raíz ni rama —dice el Señor de los Ejércitos—. Pero para ustedes que temen mi nombre, se levantará el sol de justicia trayendo en sus rayos salud. Y ustedes saldrán saltando como becerros bien alimentados. (Malaquías 4:1–2)

«Jared, ¿alguna vez has visto saltar a los terneros?».

«No, creo que no», respondí.

Era un día muy frío de finales de noviembre en Vermont, y yo estaba sentado junto a la cama de mi amiga Natalie, que estaba envuelta en varias capas de mantas. Natalie tenía cáncer de páncreas terminal. Meses antes ese mismo año, los médicos le habían dicho que le quedaban unas pocas semanas de vida, pero ella había sobrevivido a sus predicciones. Débil y frágil, estaba pasando sus últimos días en la casa de sus mejores amigos, donde la alojaban en un apartamento en el sótano. Yo era el pastor de Natalie y la visitaba cada semana, pasando mucho tiempo orando y leyendo las Escrituras con ella y escuchando sus reflexiones sobre la vida, la muerte y todo lo demás. Se acercaba la Navidad y, salvo que ocurriera un milagro, sería la última que viviría.

Natalie tenía peticiones inusuales para las lecturas bíblicas. Se concentraba en pasajes concretos de la Biblia y quería que se los leyera cada vez que la visitaba, durante semanas. Ya habíamos leído Juan 10 y Apocalipsis 1–3 una y otra vez. En esta ocasión, llevábamos varios días leyendo el capítulo 4 de Malaquías. Y no, nunca había visto saltar a los terneros.

Cuando estábamos inmersos en Juan 10, Natalie había descrito el comportamiento de las ovejas que reconocen la voz de su pastor. Ahora me decía que cuando los terneros descubren lo que pueden hacer con sus cuerpos, saltan por el pastizal de formas inesperadas.

Le dije: «Ya veo». Pero en realidad no podía. Me costaba imaginarlo, tal vez porque en ese momento no tenía la capacidad de visualizar una imagen tan alegre. Mi amiga se estaba muriendo. Y no era la primera. Habíamos pasado por muchas pérdidas en nuestra pequeña iglesia rural. Había perdido a muchos amigos a causa del cáncer: padres jóvenes, personas a las que había bautizado, personas a las que quería profundamente. Natalie era una mujer mayor, pero por lo demás había gozado de muy buena salud. Sin duda, se iba «antes de tiempo». Y como me parecía que había pasado los últimos tres años de mi ministerio principalmente en hospitales, junto a camas de enfermos y en casas funerarias, me sentía agotado. No me interesaba saltar. Pero a Natalie sí.

Por muy dolorosa que se hubiera vuelto su vida, Natalie no dejaba de hablar de ver a Jesús. Todos los demás se preparaban para la Navidad, cuando Jesús vino a nosotros. Ella se preparaba para el cielo y para encontrarse con Él. Hablamos de la gloria de ese momento. Hablamos de las glorias de la nueva tierra que vendrá, cuando estos cuerpos que inevitablemente se deteriorarán finalmente den paso a cuerpos incorruptibles que vivirán eternamente. Por la gracia de Dios, no eran solo esas mantas las que le daban calor a Natalie, sino su esperanza en el «sol de justicia» de Malaquías 4:2. Su sanación estaba llegando.

Llegó la Navidad. Mi familia y yo viajamos de vuelta a Texas, pero regresamos a Vermont una semana después. No había visto a Natalie en un par de semanas, así que, después de instalarme, conduje hasta su apartamento para visitarla.

Era el 1 de enero. Yo no sabía —nadie me lo había dicho— pero Natalie había fallecido esa mañana. Llegué justo cuando su esposo y otras personas estaban bajando por las escaleras el ataúd de pino que ella había pedido. No alcancé a despedirme de ella.

Su servicio memorial se celebró en primavera. Mientras estaba sentado junto al gran ventanal de nuestra casa rural, tratando de pensar en mi sermón para el funeral, miré hacia la ladera al otro lado de la calle. Y allí, para mi sorpresa y alegría, apareció un ternero, saltando exuberante por la colina rocosa. ¡No podía creerlo! Era una imagen divertida, adorable y alegre. Por fin sabía lo que Natalie sabía.

Y algún día sabré lo que Natalie ya sabe: que por muy oscuras que sean nuestras Navidades, el sol de justicia saldrá con sanidad en sus alas. En el primer Adviento, Cristo vino a morir. Sin embargo, resucitó de entre los muertos. Volverá a nosotros. Los corazones lisiados de aquellos que confían en Él saltarán en su pecho. Y todo estará bien.

Jared C. Wilson es pastor de predicación de la Iglesia Bautista Liberty en Liberty, Misuri, y es profesor adjunto de ministerio pastoral en el Seminario Midwestern de Kansas City, Misuri. Es autor de más de veinte libros, entre ellos, Friendship with the Friend of Sinners y Lest We Drift.

Novedades

News

Falleció Chuck Norris, ícono del machismo estadounidense que volvió a la fe

Cody Benjamin

La estrella de cine de acción encarnaba el ideal de la lucha entre los buenos y los malos.

La muerte no es un derecho

Kristy Etheridge

La legalización del suicidio asistido está cobrando impulso. Para frenar esta tendencia, necesitamos una sólida teología del sufrimiento.

El Evangelio es Buenas Nuevas, no buenos consejos

Peter Coelho

Es cierto que el cristianismo puede mejorar nuestra vida y fomentar la cohesión social. Pero lo más importante es que Jesús es nuestro Salvador.

News

Mientras Cuba carece de combustible, alimentos y electricidad, los cristianos se esfuerzan por brindar ayuda

Hernán Restrepo

El reciente bloqueo petrolero promovido por el presidente Donald Trump agravó la situación ya de por sí desesperada en el país comunista.

Las operaciones de ICE han sido devastadoras para algunas iglesias latinas

Samuel Rodriguez

Uno de los líderes cristianos hispanos en Estados Unidos testifica acerca del efecto asolador de las políticas de inmigración en la vida de la iglesia.

Estos cuerpos no son nuestros

Kyle Wells

Nuestras posturas políticas con frecuencia pasan por alto el enfoque de las Escrituras sobre el cuerpo y la naturaleza.

Review

No podemos ganar a las personas para Cristo si no entendemos su cultura

Robert Canfield

Un misionólogo veterano comparte las lecciones que ha aprendido sobre cómo llevar el Evangelio a contextos distintos al nuestro.

Apple PodcastsDown ArrowDown ArrowDown Arrowarrow_left_altLeft ArrowLeft ArrowRight ArrowRight ArrowRight Arrowarrow_up_altUp ArrowUp ArrowAvailable at Amazoncaret-downCloseCloseEmailEmailExpandExpandExternalExternalFacebookfacebook-squareGiftGiftGooglegoogleGoogle KeephamburgerInstagraminstagram-squareLinkLinklinkedin-squareListenListenListenChristianity TodayCT Creative Studio Logologo_orgMegaphoneMenuMenupausePinterestPlayPlayPocketPodcastprintRSSRSSSaveSaveSaveSearchSearchsearchSpotifyStitcherTelegramTable of ContentsTable of Contentstwitter-squareWhatsAppXYouTubeYouTube