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En Brasil, el reino de Dios crece entre los pobres

Las pequeñas iglesias pentecostales de los barrios periféricos impulsan el crecimiento protestante en todo el país.

Man paints a gate of an Assemblies of God church in Brazil
Christianity Today October 28, 2025
Franco Origlia / Getty Images

Los sábados por la noche, Anderson dos Santos tiene mucho qué hacer. Después de trabajar todo el día equilibrando ruedas y arreglando neumáticos en un taller mecánico, camina un kilómetro y medio hasta su casa, se ducha y pasa tiempo con su familia. Luego, vuelve a salir.

Santos hace varias paradas de camino a la iglesia de las Asambleas de Dios en Rua da Horta, en la ciudad de Ilhéus. En cada parada, un niño o un adolescente se une a él.

La iglesia, situada en el noreste de Brasil, se encuentra en una zona peligrosa que se disputan los grupos criminales rivales del barrio. Pero Santos y sus jóvenes amigos recorren sin miedo las calles poco iluminadas para asistir al servicio semanal para jóvenes. «Todo el mundo nos conoce aquí, así que podemos caminar con seguridad», dice Santos.

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Mientras que las principales ciudades de Brasil cuentan con megaiglesias que atraen a miles de personas a sus enormes auditorios, iglesias como la de Santos son las más comunes en los barrios periféricos. Estas pequeñas congregaciones pentecostales, dirigidas por pastores de doble vocación, que evangelizan en medio de la pobreza y la delincuencia, representan la cara más extendida del evangelio en el país.

La proliferación de iglesias periféricas, la mayoría con alrededor de 50 miembros, es una característica clara de cómo se desarrolló el evangelismo en Brasil, el cual avanzó principalmente entre las poblaciones pobres de las afueras de los centros urbanos. «En Brasil, más de la mitad de la población gana menos del salario mínimo, y las iglesias reflejan ese mismo perfil social», dijo el teólogo Tiago de Melo [enlace en inglés].

A menudo con trabajos informales o por cuenta propia, estos líderes eclesiásticos son luchadores y comprometidos. Los investigadores afirman que el espíritu emprendedor que aportan ha contribuido al reciente crecimiento del movimiento evangélico.

«Son personas que provienen de un entorno económico y social marcado por el trabajo precario», como el desempleo y los trabajos ocasionales, afirma el antropólogo Jefferson Arantes. 

Durante los últimos tres años, ha entrevistado a pastores de la región de Campinas, en el estado de São Paulo, como parte de su investigación.

«Son personas profundamente comprometidas con Dios, pero no necesariamente con las denominaciones e instituciones, por lo que muchas terminan convirtiendo sus congregaciones en iglesias no denominacionales», añade Arantes. «Estas condiciones hacen que sea muy difícil trazar un panorama general, ya que se trata de iglesias pequeñas y muchas de ellas son autónomas, sin vínculos con ninguna denominación».

Los evangélicos, incluidos los pentecostales y los de otras tradiciones protestantes, representan ahora el 26.9 % de la población mayor de 10 años de edad en Brasil. El país ya cuenta con más de 597 000 edificios religiosos, y las estimaciones sugieren que cada seis días se abre una nueva iglesia evangélica en São Paulo, la ciudad más grande de Brasil.

Arantes relata cómo lo resumió el líder de una pequeña iglesia: «¿Te imaginas si no hubiera iglesias? Tendríamos que construir 500 millones de hospitales psiquiátricos porque la gente se volvería loca. La iglesia ayuda mucho a la gente».

Mientras que los grupos neopentecostales, como la Iglesia Universal del Reino de Dios, con sede en Brasil, predican la teología de la prosperidad, las iglesias periféricas como la de Santos, tienden a ofrecer a sus feligreses una enseñanza más tradicional del evangelio, más cercana al pentecostalismo clásico.

Estas iglesias siguen presentando relatos personales de superación de la pobreza, pero por lo general se explica como un efecto secundario que viene después de la transformación individual que trae el evangelio. Después de convertirse, las personas dejan de malgastar dinero en bebida, juego y trivialidades, y se dedican más al estudio o al trabajo. Como resultado, pueden dar testimonio a su congregación y a sus vecinos de cómo Dios ha cambiado sus vidas y les ha ayudado a salir de la pobreza.

Con todo, el tema de la prosperidad financiera está presente en la periferia, dijo Melo. «En la música que escucha la gente, en los influencers que siguen en las redes sociales, en la liturgia pentecostal brasileña… aparece en los testimonios, [mismos] que están presentes en casi todos los servicios».

Las iglesias acogen la participación de todos los segmentos de la comunidad, incluidos los ancianos y los niños, y dedican un tiempo cada semana a los testimonios.

«La iglesia pentecostal, con su discurso y su práctica orientados a reducir la distancia entre los líderes y los laicos, trajo la solidaridad que ya existía entre los pobres», dijo el pastor Marco Davi de Oliveira, autor de un libro sobre los pentecostales negros en Brasil. «Los pobres pasaron a verse a sí mismos como copartícipes de la obra de Dios en la tierra, y ya no como los rechazados que no sabían leer ni escribir».

El rostro típico del evangelismo brasileño es femenino, negro y pentecostal, como muestran los datos del instituto de investigación Datafolha en 2020 y 2024.

En las afueras de ciudades como Ilhéus, la responsabilidad de ser copartícipes en la obra de Dios hace que los jóvenes no tengan miedo de caminar por la noche por las colinas junto a Anderson dos Santos.

La agenda de la iglesia está llena, al igual que la de Santos. Además de las reuniones del sábado por la noche, los miembros de la iglesia se reúnen para la escuela dominical por la mañana y luego para un servicio vespertino. Los lunes celebran reuniones en casas y los miércoles y viernes salen a compartir el evangelio en las calles.

«Para el reino, debemos estar siempre disponibles», dijo Santos al final del servicio dominical.

A la mañana siguiente, a las 5 de la madrugada, reiniciaría su trabajo para el reino.

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