El año pasado, tan solo el 1 de enero, más de 3 millones de personas se suscribieron a los planes de lectura de la Biblia de un año de la aplicación YouVersion. Millones más descargaron pódcasts sobre lectura bíblica en un año.
Las ventas de Biblias en papel a la antigua usanza también han aumentado en general, y podemos asumir que enero es el mes más popular para comprar productos como La Biblia cronológica día a día o La Biblia en un año. En ellas, casillas vacías junto a los números de los capítulos esperan a ser marcadas todos los días.
Todo esto son buenas noticias, ¿verdad? Bueno, más o menos.
Los planes para leer la Biblia en un año ofrecen una vía clara para leer las Escrituras diariamente. En el mejor de los casos, crean hábitos sostenidos y regulares. Llevan a los lectores a ir más allá de sus libros favoritos y los animan a abordar los más difíciles. Quienes consiguen completar un plan, concluyen el año con una sensación de logro.
Todo esto es muy bueno.
Pero los planes anuales también están lejos de ser perfectos y, dada su creciente popularidad, es esencial tener en cuenta sus inconvenientes:
- Priorizan la cantidad sobre la calidad, lo que a menudo conduce a una comprensión superficial y a bajos niveles de retención. También restan importancia al papel de la meditación y la oración al procesar lo leído en las Escrituras.
- Nos enseñan a leer las Escrituras rápidamente de forma aislada, en lugar de hacerlo lentamente y en comunidad, en compañía de nuestra congregación.
- Imponen ambiciones humanas a una Palabra viva, una Palabra que tiene en sí misma propósitos más allá de los nuestros.
- Los participantes se ven tentados por el orgullo y la autosuficiencia cuando consiguen mantener el ritmo, y por la vergüenza cuando se quedan atrás.
Leer muchos capítulos de la Biblia superficialmente es mejor que no leer nada, sin duda. Pero, según mi experiencia, no leer nada suele ser el resultado no deseado de los planes para leer la Biblia en un año, que rara vez se completan. Como líder ministerial, voluntaria de la iglesia y maestra bíblica, he visto a cientos de personas comenzar enero en Génesis: compañeros, mujeres mayores, miembros de grupos pequeños, etc. Pero puedo contar con los dedos de una mano el número de personas que han llegado a Apocalipsis en diciembre.
En la mayoría de los casos, el hecho de no cumplir el plan llevó a esas personas a dejar de leer la Biblia a diario. Quizás se trate de personas que de cualquier forma habrían dejado de dedicar tiempo a las Escrituras, independientemente de su estrategia, eso es posible. Pero la escala y el ritmo de los planes bíblicos de un año me parecen especialmente problemáticos.
YouVersion no publica las tasas de finalización de los planes anuales, y las tasas de descarga de los pódcasts no constituyen información especialmente útil (la mayoría de los que empiezan el plan se suscriben a un nuevo programa, lo que significa que todos los episodios se descargan en sus teléfonos, los escuchen o no). Sin embargo, en 2014, Bible Gateway compartió sus estadísticas de «La Biblia en un año» con Christianity Today.
En aquel momento, la participación en el plan tuvo su punto álgido el 1 de enero y cayó un 30 % tan solo en la primera semana. A finales de febrero, el tráfico del plan de lectura había caído otro tercio, y para mayo, la mitad. Estas cifras son solo ligeramente superiores al porcentaje de personas que perseveran en mantener cualquier resolución de Año Nuevo.
¿Por qué tantas personas dejan de leer? Hay muchas razones. Dos destacan sobre las demás.
En primer lugar, el estado de la lectura. Consideremos, por ejemplo, los datos disponibles acerca de los niveles de lectura en Estados Unidos: más del 50 % de los adultos no han terminado un libro en el último año y el 22 % no ha terminado un libro en tres años. Menos del 9 % de los adultos lee poesía. (Un tercio de la Biblia es poesía). Aproximadamente el 20 % de los estadounidenses algún tipo de discapacidad que les impide leer rápidamente y en grandes cantidades, y el 54 % de los adultos tiene un nivel de alfabetización inferior al de sexto grado (la Biblia NVI está traducida a nivel de octavo grado en su versión en inglés).
Según la Fundación Nacional para las Artes, «la lectura en sí misma es una habilidad progresiva que depende de años de educación y práctica». Si los estadounidenses no practican la lectura, no podemos esperar que sean lectores competentes de la Biblia.
Los pódcasts y las Biblias en audio ayudan en este sentido, pero no son una solución milagrosa. Salvo para las personas con dificultades de lectura, es probable que escuchar no resulte en una mejor comprensión y retención que leer el texto impreso. Además, el audio no resuelve las crisis relacionadas con la disminución de la capacidad de atención y la pérdida de la capacidad de pensamiento crítico.
Podemos concluir, entonces, que los estadounidenses no son muy buenos lectores, y la Biblia es un libro difícil de leer. ¿Leerla en un año? ¿Tres capítulos al día, todos los días? El feligrés promedio está condenado al fracaso desde el principio.
Los planes de un año a menudo «funcionan» para los lectores habituales. En su caso, la dificultad de la tarea es un esfuerzo, pero no un salto. Personalmente, he leído la Biblia en un año tres veces, pero leer es parte fundamental de mi ocupación y ya había leído la mayor parte de las Escrituras al menos una vez antes de intentarlo. Incluso así, leerla en un año fue difícil (y nunca alcancé el famoso objetivo de «solo 20 minutos al día»). Lo que nos lleva a la siguiente razón por la que la mayoría de la gente fracasa.
El objetivo establecido de los planes para leer la Biblia en un año es sencillo, pero para lograrlo, la mayoría de los lectores necesitan desarrollar primero el hábito de leer a diario. Por desgracia, los planes de un año no están estructurados de manera que optimicen la creación de hábitos.
Según los científicos del comportamiento, los hábitos se crean estableciendo objetivos pequeños y fáciles, y ajustándolos gradualmente con el tiempo. Ese es el principio fundamental del popular libro Hábitos atómicos. Como escribe el autor, James Clear: «En lugar de intentar hacer algo increíble desde el principio, empieza poco a poco y mejora gradualmente. A lo largo del camino, tu fuerza de voluntad y tu motivación aumentarán, lo que te facilitará mantener tu hábito para siempre».
Clear también destaca la importancia de hacer que los hábitos sean agradables, dando prioridad a los sistemas sobre los resultados: «Cuando te enamoras del proceso en lugar del producto, no tienes que esperar para darte permiso para ser feliz. Puedes sentirte satisfecho cada vez que tu sistema está en marcha».
Los planes de un año dividen la Biblia en grandes fragmentos de igual tamaño en lugar de empezar poco a poco. Suelen llegar rápidamente a algunos de los libros más complicados, como Levítico. Y proporcionan poca formación a lo largo del camino para ayudar a los lectores de la Biblia a convertirse en mejores lectores: es imposible cubrir el material y ofrecer ayuda sustancial en 20 minutos al día.
Según mi propia experiencia al leer la Biblia con estudiantes universitarios cristianos, la mayoría necesita hacer una pausa cada dos o tres versículos para pedir explicaciones. Es posible que necesiten ayuda con el vocabulario teológico. Es posible que tengan preguntas sobre el carácter de Dios. Pueden preguntarse qué está pasando cuando sus valores chocan con lo que están leyendo.
Pero la mayoría de sus preguntas son de simple comprensión: ¿Quién es ese? ¿Qué hizo? ¿Qué está diciendo? ¿Por qué dijo eso? Pasar por alto estas aclaraciones significa perder incluso una comprensión superficial de lo que está sucediendo. ¿Leer la Biblia cuenta como leer la Biblia si no entiendes el significado de lo que dice?
He visto a jóvenes enamorarse de la lectura de la Biblia, pero leer rápido no es la manera de conseguirlo.
Los planes rápidos y con grandes metas agotan la fuerza de voluntad y enfatizan en exceso la importancia del objetivo declarado (leer toda la Biblia a buen ritmo) en lugar de fomentar una motivación real para leer la Palabra. Los lectores no pueden estar satisfechos en ningún momento mientras su sistema está en marcha, porque normalmente se quedan atrás en el logro de sus objetivos.
A veces es una buena idea sentarse y leer un libro completo de la Biblia de un tirón, o quizás escuchar a alguien leerlo en voz alta, como lo hacía la iglesia primitiva. Pero a veces es la palabra clave.
Digamos que quieres pasar más tiempo leyendo las Escrituras este año. ¿Qué método tiene más probabilidades de funcionar?
Debido a que la capacidad de atención es corta y los hábitos aún están en formación, los nuevos lectores de la Biblia deben empezar poco a poco y con calma. Un salmo al día. Un Evangelio leído a un ritmo manejable. En lugar de hojear todo el Sermón de la Montaña en un día (día 259 de un plan de un año) y seguir adelante, toma el texto en porciones digeribles, dándote tiempo para meditar en tus preguntas y considerar posibles aplicaciones.
Dado que la mayoría de las personas aún no disfrutan de leer la Biblia, los nuevos lectores deben integrar la lectura de la Biblia en actividades que sí les gustan y celebrar sus logros. Lee la Biblia con tu café matutino. Léela con alguien con quien disfrutes estar, como un amigo o tu esposo(a). Léela al aire libre. Léela justo después de hacer ejercicio, cuando estés lleno de endorfinas. Y luego recompénsate por haber cumplido tu objetivo. Cómprate un nuevo resaltador o un bollo en tu panadería favorita. Escucha una canción favorita que solo tocas cuando alcanzas una meta establecida. Ora un salmo de celebración en voz alta.
Dado que leer es difícil para muchos y la Biblia es un libro especialmente difícil, los nuevos lectores también deben buscar maestros, no solo voces en línea, sino personas de carne y hueso que puedan responder preguntas en tiempo real. Esto podría consistir en reuniones semanales con un mentor o un estudio bíblico organizado en una iglesia local.
Desarrollé mi apetito por las Escrituras junto a mi abuelo. Lo seguía a los estudios bíblicos y observaba su rostro mientras explicaba las partes difíciles a los curiosos miembros de la iglesia. Él brillaba con pasión y alegría. Yo quería amar la Biblia como él la amaba. Y finalmente lo logré.
Aprendí la disciplina de leer la Biblia en el salón de una iglesia al estudiar el libro de Daniel alrededor de mesas de plástico blancas. Yo era una madre joven entre una docena de jubilados. Su dedicación al estudio me inspiró a ser dedicada también. A medida que avanzaba el estudio, leía cada vez con más fidelidad.
A lo largo de los años, he apreciado los planes de lectura de libros completos de YouVersion o BibleProject. He leído libros de la Biblia junto con los comentarios recomendados. He leído la Biblia en grupos utilizando los últimos estudios de Beth Moore o Priscilla Schirer. Y he leído la Biblia con mis hijos.
Pero nada funcionó tan bien como simplemente elegir un lugar para leer, dejar allí mi Biblia, y presentarme todos los días con un café caliente y darme permiso para leer tanto como quisiera. Algunos días eran diez versículos. Otros días, un libro entero. Cuando me salto un día, no me siento devastada ni avergonzada. No hay capítulos que recuperar. Solo un café caliente, mi lugar favorito en el sofá y un libro que me encanta leer en presencia de un Dios sobre el que me encanta leer.
Cuando los lectores han desarrollado con éxito tanto el apetito como la disciplina necesarios para leer la Biblia, entonces es el momento de plantearse leerla entera. La pasión y el hábito te guiarán en el camino.
Las metas pequeñas y la lectura lenta no les resultan atractivas a todo el mundo. Parte de la razón por la que los planes anuales son tan populares es que ofrecen un camino rápido hacia la meta deseada de «haber leído» toda la Biblia.
Al igual que una lista de cosas que hacer antes de morir (ver las siete maravillas del mundo, comer en todas las pizzerías de una ciudad, viajar a todos los continentes, etc.), este deseo suele tener que ver, al menos en parte, con obtener un logro.
Quizás el primer paso para la iglesia moderna sea olvidarse de obtener puntos o sentir «haber logrado» algo. Debemos más bien aprender a amar el juego: crecer en el amor y el conocimiento del Señor, sin importar cuánto tiempo nos tome.J. L. Gerhardt dirige la meditación bíblica en Deep Water. Slow Reading. Es autora de la autobiografía en audio The Happiest Saddest People.