Moisés Pérez Padrón ha vivido sus 40 años de vida en Cuba y dice que nunca había visto una crisis peor que la que el país enfrenta actualmente.
«Las calles están llenas de basura. Se ven niños y ancianos buscando comida o algo que puedan usar para vender», dijo. «Los apagones duran más de 12 horas al día… Algunas familias incluso destruyen los muebles de sus casas para poder usar la madera para cocinar».
Nacido en un hogar cristiano, Pérez Padrón es director de la oficina en Cuba de Radio Trans Mundial (RTM) y es hijo del administrador del único asilo de ancianos bautista del occidente de Cuba. Estudió en el Seminario Teológico Bautista de La Habana, donde ahora se desempeña como vicerrector. También es copastor de la iglesia Bautista Salem en Arroyo Apolo, un barrio del sur de La Habana.
Todos los días, Pérez Padrón entra a un estudio de grabación para producir Mensajes de Fe y Esperanza, un pódcast devocional de cinco minutos que envía a través de Facebook y grupos de WhatsApp. Su voz también se escucha en la radio a través de las transmisiones de TWR desde la isla caribeña de Bonaire en la frecuencia 800 AM.
En las últimas semanas, sus mensajes se han centrado en animar a los oyentes a poner su esperanza en Dios y no en los líderes políticos. Citando Isaías 28:16, enfatizó la firmeza de Cristo, la preciosa piedra angular.
«Edifiquemos sobre la roca firme», dijo. «Construyamos nuestra vida confiando en Cristo y en su Palabra… no en pactos políticos ni en falsas religiones, sino en Él».
El 29 de enero, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que amenaza con imponer aranceles o sanciones a cualquier país que envíe petróleo a Cuba, intentando obligar a la isla gobernada por el Partido Comunista a realizar reformas políticas y económicas significativas. Cuatro meses antes, el huracán Melissa azotó cinco provincias de Cuba, desplazando a más de 735 000 personas y destruyendo viviendas e infraestructura básica. Además, Cuba enfrenta una fuerte disminución de su población debido a las bajas tasas de natalidad y al éxodo masivo de jóvenes.
En medio del caos, las iglesias y los ministerios cristianos han intervenido para brindar ayuda, proporcionando alimentos, ropa, productos de higiene y, sobre todo, consuelo espiritual. Según la World Christian Database, alrededor del 85 % de la población cubana se identifica como cristiana. La mayoría es católica, mientras que cerca del 11 % es evangélica. A pesar de enfrentar cierto grado de persecución, que incluye detenciones arbitrarias, amenazas y acoso, los cristianos generalmente pueden adorar con relativa libertad en el país.
«Puedes ir a las iglesias. Las iglesias están abiertas y el gobierno sabe dónde están. No hay impedimento para realizar [servicios de] culto en esas iglesias los domingos», dijo Pérez Padrón. «Pero el verdadero problema en Cuba con respecto a la expresión religiosa es que el espacio es limitado. No puedes simplemente ir y construir un templo nuevo».
Uno de los ministerios cristianos más constantes ha sido el Comité Central Menonita (MCC, por sus siglas en inglés), que ha trabajado en Cuba durante 43 años y actualmente apoya cinco programas sociales desarrollados por la Asociación de Iglesias de los Hermanos en Cristo (BIC, por sus siglas en inglés) y el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, una organización cristiana que promueve los derechos humanos y apoya a poblaciones vulnerables.
En el último año, MCC envió seis contenedores de transporte llenos de ayuda humanitaria a Cuba, que incluían carne enlatada, kits de ayuda para emergencias, productos de higiene femenina, kits de cuidado infantil, útiles escolares, detergente para ropa y sábanas.
Jacob Lesniewski, codirector regional de MCC para Sudamérica, México y Cuba, vive en Ciudad de México pero visita con frecuencia la isla. Su visita más reciente fue en enero y lo que vio le rompió el corazón.
«Cuando llegas a La Habana, puedes notar que algo no está bien», dijo, refiriéndose a las calles llenas de basura, los apagones frecuentes y la falta de combustible en las estaciones de servicio. «Pero no es nada comparado con lo que empiezas a ver cuando viajas más hacia el este. Ciudades enteras parecen pueblos fantasma. Hay fábricas, escuelas y hospitales que antes funcionaban, pero ahora están vacíos y muy deteriorados».
Un brote de chikunguña —una enfermedad viral transmitida por mosquitos que normalmente se trata fácilmente con el analgésico paracetamol o acetaminofén— ha infectado a más de 50 000 personas desde noviembre de 2025 y ha causado 55 muertes debido a la escasez de medicamentos.
Lesniewski reconoce los enormes desafíos logísticos que implica entregar ayuda. Desde el embargo petrolero, las congregaciones de los Hermanos en Cristo no han podido usar camiones para distribuir los suministros. En su lugar, los materiales tuvieron que ser transportados en carretas tiradas por caballos famélicos. A veces hay gasolina disponible, pero debe comprarse en dólares en lugar de pesos cubanos y es extremadamente cara.
Sin embargo, el proceso burocrático para introducir suministros en el país resultó sorprendentemente sencillo.
«Uno pensaría que en un país comunista habría obstáculos interminables», dijo. «Pero es todo lo contrario: están deseosos de recibir ayuda».
Mayra Espino, una socióloga de 70 años de edad, investigadora del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, ha tenido numerosas oportunidades para salir de Cuba mientras trabajaba como profesora visitante en España, Honduras y Estados Unidos. Sin embargo, en todas esas ocasiones ha decidido quedarse.
Su decisión refleja lo que Lesniewski llama «la resiliencia obstinada de los cubanos». Muchos aman su isla y siguen encontrando maneras de enfrentar la crisis.
Como académica, Espino identifica tres causas principales detrás de la situación actual.
«Las dificultades que estamos experimentando comenzaron incluso antes del bloqueo petrolero de Trump», dijo. «Primero, la emigración de profesionales calificados se aceleró después de la pandemia. Segundo, el gobierno actual no ha podido ofrecer oportunidades a la población. Y tercero, el bloqueo económico ha provocado el colapso de muchos negocios, especialmente en el sector turístico».
Los cristianos evangélicos, señala, han ganado una reputación por su trabajo social en una isla frecuentemente golpeada por huracanes. Después de que cuatro devastadores huracanes azotaran Cuba en 2008, las iglesias locales repararon los techos de sus vecinos no cristianos antes de arreglar los de sus propios miembros, un gesto que les ganó gran respeto.
«En un país donde el Estado ya no puede proporcionar servicios básicos como salud y educación, las iglesias cristianas se han convertido en espacios esenciales para la sociedad: no solo para recibir ayuda humanitaria o consuelo espiritual, sino también para construir comunidad», dijo Espino.
La escasez de combustible también ha provocado indignación pública por la corrupción. Una investigación del El Nuevo Herald de Miami reveló que Cuba vendió a China el 60 por ciento del petróleo que recibió de Venezuela, y que las ganancias presuntamente terminaron en los bolsillos de líderes del Partido Comunista cubano.
En medio de la creciente frustración y desesperación, Pérez Padrón dice que lo que más le preocupa es la seguridad de su familia. Él y su esposa tienen dos hijas de 5 y 6 años. A medida que aumenta el hambre, también ha crecido la delincuencia, especialmente en grandes ciudades como La Habana y Santiago, dijo.
Su voz se quiebra al explicar cómo les explica a sus hijas por qué la familia ha decidido quedarse en Cuba en lugar de irse.
«No les contamos todos los detalles de lo que está pasando para que no se preocupen», dice. «En medio de las dificultades que enfrentamos, les mostramos que todavía hay razones para agradecer a Dios. Tengo trabajo. Ellas pueden ir a la escuela. Dios es bueno».