He escuchado que, durante y después del COVID, muchos de nosotros comenzamos algún pasatiempo; desde hacer pan de masa madre hasta nuevos regímenes de ejercicio, todos hemos intentado encontrar algo que nos ayudara a mantenernos ocupados. En mi caso, fueron las plantas; lo que comenzó con una sola planta de interiores que encontré en una estantería desapercibida en un almacén se convirtió en una floreciente colección de todo tipo de plantas. Tengo que confesar que he matado muchas plantas en mi breve carrera. Sin embargo, he llegado a comprender que un elemento absolutamente esencial para todas las plantas es una buena iluminación. La luz es la reina del mundo vegetal.
Debido a esta realidad, una de las épocas más difíciles para un amante de las plantas como yo es el invierno; los días y las horas de sol son más cortos, y las noches son largas y frías, especialmente aquí en el Medio Oeste de Estados Unidos. Hace unos días, entré en mi cocina y vi que varias de mis plantas tenían un aspecto un poco triste y deprimido. Sin embargo, por las ventanas entraba un rayo de sol que era especialmente brillante incluso para un día tan frío. Seguramente fue mi imaginación, pero me pareció que una de las plantas se inclinaba hacia la luz, como si gritara: «No puedo soportar esta tristeza para siempre. Debo llegar hasta ti».
Fue un recordatorio vívido de que compartimos algunas similitudes con las plantas. Eso no debería sorprendernos en absoluto. Los temas botánicos y arbóreos abundan en las Escrituras. Al igual que las plantas, los seres humanos no estamos hechos para la oscuridad. No prosperamos en las tinieblas. Sin embargo, por alguna razón, a menudo nos encontramos allí. Ya sea por elección o por las circunstancias, todos los seres humanos experimentamos momentos y días oscuros.
¿Qué oscuridad te rodea hoy? Tal vez sean los meses largos de invierno, las abrumadoras expectativas de la temporada navideña, el dolor y la angustia de las relaciones rotas y distanciadas… Todos hemos pasado por momentos así. La oscuridad se define por la ausencia de luz. En la oscuridad, podemos sentirnos abandonados, olvidados y poco apreciados.
Entonces, ¿qué debemos hacer? Al igual que mi planta, debemos hacer todo lo posible por buscar la luz e inclinarnos hacia ella. El profeta Jeremías parece captar esta dolorosa tensión de vivir en la realidad de un mundo caído y oscuro, pero también de esforzarnos por ver cualquier rayo de luz que podamos ver con fe: «Porque el Señor no rechaza para siempre, antes bien, si aflige, también se compadecerá según su gran misericordia. Porque Él no castiga por gusto ni aflige a los hijos de los hombres» (Lamentaciones 3:31–33, NBLA).
En tiempos de oscuridad, mi palabra de aliento para mi propio corazón y para el tuyo es que hagamos lo que sea necesario para inclinarnos hacia la Luz. Inclinar nuestros corazones hacia Jesús es un acto de fe porque a veces la oscuridad nos abruma. No obstante, nos recordamos a nosotros mismos y a los demás que es en la luz donde florecemos de verdad. Como dice el apóstol Juan acerca de la primera venida de Cristo: «Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo» (Juan 1:9).
Jonathan Holmes es director ejecutivo de Fieldstone Counseling y director ejecutivo interino de Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). También es profesor en el programa de máster en consejería en el Seminario Teológico Westminster.