Mientras miles de personas salieron a las calles de Bogotá, la capital colombiana, para expresar su solidaridad con Palestina el pasado 7 de octubre, nueve miembros del personal de la iglesia «Dios está formando un pueblo» (en adelante IDEFUP) permanecieron encerrados en el templo mientras individuos encapuchados rompían ventanas, arrojaban basura frente a su puerta y pintaban con aerosol eslóganes contra Israel y Estados Unidos en la fachada de la iglesia.
Una posible razón por la que atacaron a IDEFUP, una iglesia con 1500 feligreses y 38 años de historia, es su logotipo: una estrella de David azul con un globo terráqueo en el centro.
«Fue profundamente doloroso y decepcionante presenciar un acto de falta de respeto cometido por personas influenciadas por discursos de antisemitismo», declaró Marco Acosta Rico, concejal de Bogotá y pastor de IDEFUP. «Este suceso no solo nos afectó a mi familia y a mí, sino que también tuvo un profundo impacto en toda nuestra congregación».
IDEFUP no fue la única iglesia atacada durante las protestas propalestinas convocadas por el gobierno nacional el mes pasado. En Medellín y Bucaramanga, medios locales informaron que los manifestantes vandalizaron edificios religiosos a lo largo de la ruta de las protestas, incluyendo una iglesia evangélica. El 24 de octubre, un grupo de estudiantes dañó el claustro y la plaza de Santo Domingo, que se encuentra junto a una iglesia católica, en el centro histórico de Popayán, al suroeste de Colombia.
Si bien los grupos defensores de la libertad religiosa advierten que los ataques contra cristianos en varias regiones de Colombia han aumentado en los últimos años, fomentados por el narcotráfico y los conflictos armados en zonas agrícolas, los recientes actos de vandalismo tienen más que ver con la creciente intolerancia secular y el antisemitismo en el país bajo el mandato del presidente izquierdista Gustavo Petro.
Petro instó a la ONU a crear un ejército para «liberar a Palestina», prohibió la venta de carbón a Israel, rompió relaciones diplomáticas con el país y nombró al «rabino» antisionista Richard Gamboa como nuevo director de la Oficina de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior, responsable de coordinar el diálogo interreligioso y promover la libertad de cultos en el país. (La comunidad judía colombiana no lo reconoce como rabino, ya que se afirma que compró su título rabínico por 160 dólares de una institución de Florida).
Petro también hizo un llamado a los ciudadanos a unirse a las manifestaciones propalestinas en el segundo aniversario de los ataques de Hamás del 7 de octubre, que llevaron a las calles a estudiantes, artistas y grupos sociales, así como a grupos enmascarados que destruyeron cajeros automáticos, rompieron vitrinas y pintaron o destruyeron monumentos.
Petro, quien fue un líder guerrillero del M-19 en la década de 1980, es el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia. Ganó las elecciones en 2022, un año después de una serie de protestas contra el aumento de impuestos, la corrupción y la reforma del sistema de salud propuesta por el anterior presidente. Desde que el presidente estadounidense Donald Trump inició su segundo mandato, Petro ha chocado con su homólogo estadounidense sobre asuntos como la deportación de miles de migrantes a Colombia en aviones militares estadounidenses y los ataques contra navíos sobre los que Trump ha afirmado que transportaban drogas ilegales. Petro incluso hizo un llamado a los soldados estadounidenses para que desobedecieran a Trump en una manifestación propalestina en Nueva York.
Marcos Peckel, director ejecutivo de la Confederación de Comunidades Judías de Colombia (CCJC), afirmó que las protestas propalestinas en Colombia no le sorprendieron. «Las manifestaciones, no solo acá, sino en varios lugares del mundo, se volvieron manifestaciones de odio contra Israel, contra los judíos, contra Occidente, contra Estados Unidos, contra Europa y contra todos aquellos a quienes consderan eran aliados o amigos de Israel, y las iglesias son parte de ese grupo».
En un país de 53 millones de habitantes, los judíos constituyen una comunidad muy pequeña, con alrededor de 6000 personas. Sin embargo, familias judías como los Gilinski poseen grandes empresas en los sectores de alimentación, hotelería, banca y medios de comunicación. Muchos evangélicos están a favor de Israel, como lo demuestra el evento anual convocado por líderes cristianos llamado Colombia bendice a Israel.
La polarización política en torno a Israel ha llevado a los manifestantes propalestinos a atacar cualquier símbolo que consideren contrario a la causa palestina, sin distinguir entre instituciones y personas. En las últimas semanas, esto ha incluido el vandalismo contra IDEFUP.
«Desde sus inicios, [la Estrella de David] ha representado la identidad espiritual de nuestra iglesia», dijo Acosta, refiriéndose al logotipo de la iglesia y a los colores azul y blanco de su fachada. «Refleja una convicción profunda: así como el pueblo de Israel fue elegido y apartado por Dios, IDEFUP se identifica con esa misma verdad bíblica».
Hacia finales de octubre, la protesta propalestina en Popayán, capital del departamento del Cauca, derivó en la profanación de un monumento histórico católico. Un grupo de estudiantes pintó insultos en los muros del claustro y la plaza de Santo Domingo, construidos por la orden dominicana en 1589. Cuando miembros de la alcaldía y vecinos intentaron proteger el sitio, los estudiantes los atacaron lanzando pintura en sus rostros, empujándolos y gritándoles insultos.
«El daño no fue solo físico, también atentó contra la memoria y la identidad que nos pertenecen a todos», declaró la Junta Permanente para la Semana Santa, una fundación que busca promover Popayán como destino turístico durante la Semana Santa.
Las autoridades han respondido con investigaciones sobre los actos vandálicos y con llamados al orden. El Concejo (Ayuntamiento) de Bogotá condenó los hechos y exigió garantías para el ejercicio de la protesta pacífica. La Fiscalía General de la Nación abrió investigaciones sobre los actos vandálicos y la Policía Nacional de Colombia solicitó la colaboración ciudadana para identificar a los responsables.
Sin embargo, Acosta dijo en una entrevista concedida al día siguiente de la protesta en una estación local de noticias que cuando llamó a la línea de emergencia de la Policía, «el comandante de la localidad [nos dijo] que el gobierno nacional dio órdenes de no actuar». Sin embargo, a petición del Alcalde, la Fiscalía General está investigando. En Popayán, la policía aún no ha realizado ninguna detención por los actos vandálicos.
Tras los actos vandálicos contra IDEFUP, la Confederación Evangélica de Colombia exigió medidas concretas al Gobierno, incluyendo una mayor presencia policial durante las manifestaciones, coordinación entre los organizadores de las marchas y las iglesias, y protocolos establecidos para proteger los lugares de culto durante los eventos masivos.
Acosta declaró que voluntarios de su iglesia recogieron la basura y pintaron las paredes y la puerta que estaban cubiertas de grafitis. La iglesia recibió mensajes de solidaridad y apoyo de las comunidades cristiana y judía a través de redes sociales, así como ofrecimientos para reparar los daños al edificio.
«Nuestra comunidad no permitió que el miedo ni la angustia echaran raíces en nuestros corazones», dijo Acosta. «Al contrario, este difícil episodio despertó un amor más profundo por la casa de Dios, el lugar donde nos reunimos, discipulamos y crecemos juntos en la fe, el servicio y el propósito».
El 12 de octubre, el primer domingo después de los actos vandálicos, el pastor asistente Jeisson Camacho reconoció a aquellos que fueron lo suficientemente valientes como para asistir a la iglesia esa mañana.
«Gracias por estar aquí», dijo. «Gracias por comprender que reunirnos forma parte de una vida de entrega, una vida de obediencia y una vida de sacrificio».