Ideas

¿Cómo pueden los creyentes mayores apoyar mejor a la generación Z?

La próxima generación valora la mentalidad abierta y es muy escéptica con respecto a las instituciones religiosas. Sin embargo, no han descartado a Dios.

Christianity Today February 18, 2026
Ilustración de Elizabeth Kaye / Fuente de imágenes: Getty Images

En 2021, el Springtide Research Institute publicó un informe en inglés titulado «Estado de la religión y los jóvenes» en Estados Unidos. A partir de los datos, el instituto identificó una tendencia que denominó «fe desagregada».

  • El 53 % de los jóvenes afirmó: «Estoy de acuerdo con algunas cosas que enseña mi religión, pero no con todas».
  • El 55 % de los jóvenes afirmó: «No siento la necesidad de estar vinculado a ninguna religión en particular».
  • El 47 % de los jóvenes afirmó: «Siento que podría encajar en muchas religiones diferentes».

Estas cifras no me causaron sorpresa. La generación Z es a la vez la cohorte de edad más diversa racial y étnicamente y la menos religiosa en la historia de Estados Unidos. En 2019, la agencia de sondeos Barna Group descubrió que, entre los cristianos practicantes, los mileniales «declaran tener en promedio (mediana) cuatro amigos cercanos o familiares que practican una fe distinta al cristianismo, mientras que la mayoría de sus padres y abuelos de la generación del baby boom solo tienen uno». Supongo que esta cifra es aún mayor entre mis compañeros cristianos, ya que nos encontramos en comunidad con personas de otras religiones y sin afiliación religiosa.

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Los datos también muestran que los miembros de la generación Z desconfían de los espacios religiosos tradicionales. Según el informe Springtide:

  • El 55 % de los jóvenes afirmó: «No siento que pueda ser yo mismo en una congregación religiosa».
  • El 45 % de los jóvenes afirmó: «No me siento seguro dentro de las instituciones religiosas o de fe».
  • El 47 % de los jóvenes afirmó: «No confío en la religión, en la fe o en los líderes religiosos de ese tipo de organizaciones».
  • Casi el 50 % de los jóvenes dijeron a Springtide que no acuden a las comunidades religiosas debido a la falta de confianza en las personas, las creencias y los sistemas de la religión organizada.

Es posible que los cristianos que llevan más tiempo en la fe se llenen de consternación cuando oyen hablar de las formas en que la generación Z está «desagregando» o «deconstruyendo» su fe. Quizás sienten que tener la mente abierta significa tener un concepto subjetivo de la moral. Quizás sienten que la confianza perdida no se puede recuperar.

Como alguien que forma parte de la generación Z, no comparto esta preocupación. A menudo, dialogar con personas de otras perspectivas nos ayuda a regresar a la «Verdad» objetiva, con mayúscula, en vez de alejarnos de ella. A medida que crecemos en la fe, necesitamos que los creyentes mayores que nosotros nos apoyen mientras reflexionamos y buscamos respuestas, en lugar de rehuir nuestras preguntas y preocupaciones.

En 2023, como parte de la iniciativa de CT con NextGen y en colaboración con TENx10, organizamos una serie de talleres de escritura para cristianos de entre 18 y 25 años. Teníamos la esperanza de leer en nuestras páginas contenidos escritos por jóvenes, a fin de reflejar la diversidad generacional de la iglesia y permitir a los creyentes de mayor edad comprender mejor las fortalezas y los retos de sus hermanos y hermanas más jóvenes en la fe.

A continuación, compartimos algunas de las respuestas que recibimos de los participantes sobre la siguiente pregunta.

—Claire Nelson, coordinadora del proyecto Impact en CT.

¿Cómo pueden los creyentes mayores apoyar mejor a los cristianos de la generación Z?

Una forma en que pueden apoyar mejor a los cristianos de la generación Z es dejando de lado la mentalidad de «no preguntes, no hables» en torno al sexo y la intimidad que ha predominado en los círculos cristianos en las últimas décadas.

Durante mis años de escuela secundaria en la década de 2010, experimenté muchas de las repercusiones de la cultura de la pureza: la burla hacia la apariencia y el cuerpo, la sexualización de las mujeres jóvenes y el uso de tácticas de miedo para disuadir a los adolescentes del sexo antes del matrimonio. Mi experiencia en el grupo de jóvenes fue una extraña fusión de una hiperfijación en los cuerpos de las mujeres y la «amenaza» que representábamos para nuestros pares del sexo opuesto, combinada con una aversión (y a menudo miedo) a temas como la intimidad y la sexualidad.

Las narrativas que me enseñaron en la iglesia me llevaron a creer que mi cuerpo representaba un riesgo, que los hombres eran monstruos lujuriosos en los que no se podía confiar y que, mientras esperara hasta el matrimonio, mi vida sexual sería bendecida y satisfactoria. Llegué a los veinte años sin ningún conocimiento práctico sobre cómo desarrollar relaciones sanas ni sobre cómo abordar el pecado sexual. Lo único que sabía con certeza era que las mujeres de mi iglesia no se sentían cómodas hablando de las cosas de las que yo necesitaba hablar.

Recientemente, cuando comencé a abordar tímidamente temas relacionados con la sexualidad con otras mujeres de mi edad, descubrí que ellas también comparten esta necesidad desesperada por recibir consejos sabios sobre nuestros cuerpos, el matrimonio y cómo ser mujeres centradas en Cristo. También he descubierto que la mayoría, al igual que yo, piensa que no hay muchas mujeres en la iglesia con las que puedan hablar de estos temas con confianza.

Cuando empecé a salir con chicos, me di cuenta de que los hombres de mi edad también están buscando ayuda. Los hombres de la generación Z buscan ayuda para abordar el pecado sexual y anhelan que otros hombres se acerquen como mentores a medida que consideran el matrimonio y la paternidad.

Como dijo Jesús: «La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros» (Mateo 9:37, NVI). La generación que nos precede puede apoyar mejor a la generación Z preocupándose lo suficiente como para superar su propia vergüenza sobre estos temas y fomentar conversaciones vulnerables con la generación más joven. El mundo secular tiene mucho que decir sobre lo que significa ser hombre o mujer en el mundo moderno. La cultura popular no es tímida para hablar de sexo, y la iglesia tampoco debería serlo.

Los cristianos de la generación Z quieren y necesitan que los cristianos de más años sean sinceros sobre lo que significa ser una mujer de Dios, lo que se necesita para vencer la adicción sexual, o lo que significa tener un matrimonio centrado en Cristo. No se trata de si la generación más joven recibirá o no enseñanza sobre el matrimonio, el sexo o el placer. Se trata de quién impartirá esa enseñanza. Mi petición a los cristianos que tienen más años en la fe que yo es: por favor, sean ustedes los maestros.

Olivia Voegtle es escritora, música y editora independiente, y vive en la ciudad de Nueva York. Tiene una licenciatura en lengua inglesa a través de The King’s College.

No podemos permitir que las diferencias generacionales representen un obstáculo para nuestra «hermandad espiritual».

Los creyentes de más años que intentan apoyar a la generación Z no deberían pensar en cómo pueden adaptar mejor sus métodos de discipulado y sus estrategias ministeriales a la cultura juvenil. Eso se siente como algo artificial y complaciente. En cambio, ¿cómo pueden los creyentes ser constructivos para la cultura de la generación Z?

Gran parte de la conversación sobre las diferencias generacionales se centra en cómo la brecha es irreparable. ¿Qué pasaría si los cristianos fueran un grupo demográfico que se resista a esa tendencia? Muchos creyentes de la generación Z buscan que ya no se les vea como niños, sino que más bien se les conceda respeto. No el honor que se ganan los profesionales, los profesores o los políticos, sino simplemente el respeto que se concede naturalmente a los adultos.

Una forma eficaz, pero a menudo pasada por alto, de respetar a alguien es considerarlo digno de amistad. A menudo, los cristianos mayores quieren «discipular» a los creyentes más jóvenes sin haber desarrollado ningún tipo de relación con ellos. Los cristianos jóvenes no quieren ser discipulados por cualquier cristiano mayor, sino por alguien a quien quieran imitar. ¿Cómo pueden saber que quieren imitar a alguien con quien no tienen relación?

Si somos conscientes de que todos somos hermanos y hermanas en Cristo, hay espacio para que aquellos que están separados por una, dos o incluso tres generaciones entablen una amistad genuina. Cuando las generaciones mayores se acercan a alguien de la generación Z como una oportunidad para servir o evangelizar, eso a menudo hace que la generación más joven se sienta menospreciada, objeto de la compasión e incluso considerada con un proyecto (1 Timoteo 4:12). Sería mucho mejor que la generación mayor de cristianos tratara a la generación Z como sus hermanos y hermanas en Cristo como su propia familia (1 Timoteo 5:1–2; Efesios 3:19–22; Gálatas 6:10; Tito 2:1–8).

Si bien esta amistad intergeneracional no sería absurda ni inconcebible, en la cultura actual, sería sin duda poco convencional. En la práctica, compartir un café, una comida y una conversación auténtica son formas de fomentar esta «hermandad espiritual» (1 Pedro 4:9). Imagínate la influencia que emanaría de una iglesia que lograra fomentar con éxito este tipo de relaciones. Una vida no solo como compañeros o pares, sino como hermanos, padres, primos, tías, tíos en la fe… una familia espiritual que refleje el reino.

Elijah O’Dell es predicador asociado y líder de adoración, y vive en el Medio Oeste de Estados Unidos.

En el segundo capítulo de la carta a Tito, Pablo exhorta a los hombres y mujeres de fe a que no solo vivan de acuerdo con la Palabra de Dios, sino que también enseñen, capaciten y alienten a los creyentes más jóvenes a vivir la vida a la que Dios los ha llamado.

Cuando los creyentes de la generación Z se desarrollan espiritualmente, ese crecimiento no se queda en sus iglesias o ministerios universitarios, sino que se extiende más allá de sus círculos cristianos, sembrando semillas de la Palabra de Dios entre las personas que los rodean. La mentoría espiritual no solo fortalece a los jóvenes cristianos, sino que también les brinda herramientas para ser faros de luz y verdad del Evangelio al compartir el amor y la sabiduría con los no creyentes que los rodean.

En Mateo 5:16, Jesús dice: «Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos». Los creyentes alcanzan al mundo cuando viven un tipo de amor, santidad y justicia que imitan a Cristo.

Sin comunión y amistad genuina entre los creyentes mayores y la generación Z, los creyentes jóvenes pierden ejemplos alentadores del poder de Dios.

Hannah Davis está en su último año de estudios universitarios en lengua inglesa. En 2022, realizó su pasantía de periodismo cristiano en Sudáfrica.

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