El hombre que humanizó la guerra

Ha pasado más de un siglo y medio desde la batalla de Solferino; sin embargo, las ideas del fundador de la Cruz Roja continúan siendo un modelo para los tiempos de guerra.

Christianity Today April 1, 2026
Corbis / AP

Esta es una versión revisada y corregida de la traducción publicada en noviembre de 2014.

A veces, un pequeño libro puede producir una gran diferencia en la forma en que la gente piensa sobre el bien y el mal.

La novela de Harriet Beecher Stowe publicada en 1852, La cabaña del tío Tom, afectó profundamente la forma en que los norteamericanos blancos percibían la esclavitud. Diez años más tarde y del otro lado del océano Atlántico, Henry Dunant publicó otro libro revolucionario, Un recuerdo de Solferino, que relata lo que vio y experimentó después de una de las batallas más sangrientas de la historia de Europa.

En la actualidad, el libro de Dunant no sería una elección de lectura común. Sin embargo, si sentimos una profunda indignación cuando caen bombas, cohetes o proyectiles de artillería en hospitales, escuelas y edificios de cultos religiosos, podemos atribuir a Dunant la suposición de que estos lugares deberían ser espacios seguros.

Antes de la batalla de Solferino, los médicos eran considerados parte de uno de los bandos. Dunant propuso que los ejércitos enemigos consideraran a los médicos como neutrales y trataran las instalaciones médicas como zonas seguras.

Dunant era un inversionista suizo que trabajaba en Argelia. Cuando las autoridades coloniales no le concedieron derechos de posesión de tierras y acceso al agua, apeló directamente al emperador francés Napoleón III.

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Sin embargo, el emperador estaba tratando de liberar el norte de Italia de la dominación austríaca. Cuando Dunant llegó a Solferino, donde estaba el cuartel general de Napoleón, lo que vio fue un lugar lleno de soldados muertos, moribundos y heridos. Ambos ejércitos fueron tomados por sorpresa por la magnitud del enfrentamiento, y ninguno de los dos estaba preparado para enterrar a los soldados caídos, consolar a los moribundos o atender a los heridos. Sus hospitales de campaña y suministros médicos eran deplorablemente insuficientes. Tampoco había compasión por los enemigos heridos: ambos ejércitos les disparaban o los atravesaban con sus bayonetas.

Dunant tenía una habilidad natural para la organización. Cuando era adolescente, formó un grupo de estudio bíblico que servía a los pobres. Cuando tenía 22 años, fundó el capítulo de Ginebra de la Asociación Cristiana de Hombres Jóvenes (paralelo al YMCA inglés y estadounidense). Cuando algunos planeaban crear una federación europea de YMCAs, Dunant propuso en cambio una federación internacional, y cuando tenía 25 años, se trasladó a París para representar a Ginebra en la primera convocatoria internacional de YMCA.

En Solferino, Dunant utilizó sus dones de organización. Se puso al frente de la iglesia más grande en un pueblo cercano, organizó a los heridos para atenderlos con mayor eficiencia, compró un gran cargamento de tela de lino para los vendajes, y convenció a las mujeres locales de ayudar a cuidar a los heridos. Además, también inspiró a la población local a dejar de lado su odio hacia el enemigo. La frase tutti fratelli («todos somos hermanos») se convirtió en su lema.

Sin embargo, Dunant sabía que, para tratar a los heridos y aliviar su dolor, era necesario proteger al personal médico, a los capellanes y a los hospitales de campaña. Antes de la batalla de Solferino, los médicos eran considerados parte de uno de los bandos. Dunant propuso que los ejércitos enemigos consideraran a los médicos como neutrales y trataran las instalaciones médicas como zonas seguras. Antes de Solferino, nadie ayudaba a los enemigos heridos por temor a que estuvieran fingiendo para atacar a cualquiera que se les acercara. Dunant creía que los médicos debían ayudar a los heridos independientemente del bando en el que lucharan. Antes de Solferino, tratar a los heridos era una cuestión de menor importancia. Dunant propuso crear una organización internacional para coordinar el envío de personal médico y suministros en tiempos de guerra. En su Carta a Atlanta de 1864, el general William Tecumseh Sherman escribió: «La guerra es cruel, y no se puede refinar». Dunant no estaba de acuerdo. Él creía que la guerra podía y debía ser más humana.

En la actualidad, 196 países se han adherido al Convenio de Ginebra y sus elaboraciones posteriores. La Cruz Roja y organizaciones paralelas, la Media Luna Roja y Maguén David Adom, están activas a nivel internacional no solo en situaciones de emergencia relacionadas con la guerra, sino también en desastres naturales.

En la actualidad, 196 países se han adherido al Convenio de Ginebra y sus elaboraciones posteriores. La Cruz Roja está activa a nivel internacional no solo en situaciones de emergencia relacionadas con la guerra, sino también en desastres naturales.

El libro de Dunant despertó el entusiasmo popular. En 1863, solo un año después de su publicación, él y cuatro amigos convocaron a representantes oficiales de 16 países, que acordaron sobre los puntos clave de la visión de Dunant. (Inspirado en la Proclamación de Emancipación, le pidió al presidente Lincoln que enviara un representante. Lincoln, sintiendo que su posición política era precaria, envió un observador en su lugar). Al año siguiente, se reunieron de nuevo y redactaron formalmente el «Convenio de Ginebra para el alivio de la condición de los heridos en los ejércitos en campaña». Como símbolo, adoptaron una cruz roja sobre un fondo blanco.

En la actualidad, 196 países se han adherido al Convenio de Ginebra y sus elaboraciones posteriores. La Cruz Roja y organizaciones paralelas, la Media Luna Roja y Maguén David Adom, están activas a nivel internacional no solo en situaciones de emergencia relacionadas con la guerra, sino también en desastres naturales.

Dunant tuvo más éxito como visionario social que como hombre de negocios. En 1867, perdió su fortuna y se declaró en quiebra. No fue sino hasta 1895 cuando un periodista, que estaba de vacaciones en los Alpes, descubrió que Dunant vivía en un asilo de ancianos. El periodista volvió la atención del público a Dunant y, en 1901, el visionario cristiano recibió el Primer Premio Nobel de la Paz.

Podríamos llamar a los cuatro Convenios de Ginebra la revolución de Dunant. Han multiplicado la lista de tabúes en tiempos de guerra. Dunant entendió que todas las guerras son grandes tragedias de la humanidad. Él esperaba que, al atender a todos los heridos y moribundos, amigos y enemigos por igual, las naciones aprendieran la verdad descubierta en Solferino: Tutti fratelli. Todos somos una familia.

David Neff servía como editor en jefe de Christianity Today al momento de la publicación de este artículo en inglés.

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