Incluso la nieta de Chuck Norris se creyó los memes que describían a su abuelo como indestructible. Él era, como ella escribió recientemente, el hombre que «contaba hasta el infinito dos veces, el hombre al que mordió una cobra y la cobra murió». Chuck Norris no hacía flexiones de brazos en el suelo, añadió; él «empujaba la tierra hacia abajo».
Norris, el famoso artista marcial y héroe de acción al estilo de la vieja escuela, falleció el jueves 19 de marzo a los 86 años. Su familia confirmó su «repentina partida» al día siguiente, en medio de informes sobre una breve hospitalización en Hawái.
Sin embargo, Norris parecía destinado a perdurar como una especie de figura mítica, como un competidor en el que nadie creía al principio, pero que conquistó varias vidas: veterano de la Fuerza Aérea, experto en artes marciales, agente de la ley en la pantalla grande, héroe viral en internet y, en los últimos años, defensor de los valores conservadores y de su fe cristiana.
A Chuck Norris no le preocupan los altos precios de la gasolina: sus vehículos funcionan con miedo.
Nacido como Carlos Ray Norris el 10 de marzo de 1940 en Oklahoma, el barbado actor había recibido su nombre por Carlos Berry, un pastor local que había influido en el padre de Norris, según el Paseo de la Fama de Hollywood. «Chuck» se convirtió en el apodo definitivo de Norris justo cuando alcanzó la edad adulta, más o menos en la época en que estaba de servicio en Corea del Sur como policía aéreo.
Norris, que era el mayor de tres hermanos, describió más tarde su infancia como difícil: su madre era una cristiana devota conocida por sus frecuentes oraciones, pero su padre luchaba contra el alcoholismo. Sus padres se divorciaron cuando él tenía 16 años, y su hermano menor, Wieland, murió en Vietnam en 1970. Así que Norris encontró un propósito mayor en el extranjero, entrenando tang soo do, un arte marcial a menudo conocido como «karate coreano».
El rápido avance de Norris como luchador lo llevó a participar en torneos internacionales, donde acabó cruzándose con el hongkonés Bruce Lee, uno de los artistas marciales más influyentes de todos los tiempos. Pronto, ambos coprotagonizaron El furor del dragón, un éxito de taquilla por su mezcla de combate y comedia, y Norris luego pasó a protagonizar sus propias películas de acción a lo largo de los años 70 y 80.
A medida que su barba crecía, también lo hacía su influencia. Quizá su punto álgido fue cuando jugó una buena mano en su papel en El lobo solitario McQuade [o McQuade, el lobo solitario en España] (1983), un wéstern moderno que se convirtió en un clásico de culto en el que Norris interpretó a un exmarino tajante. El papel lo catapultó para convertirse en el rostro de Walker, Texas Ranger durante ocho años, una exitosa serie de la cadena CBS que mostraba al vaquero que Norris protagonizaba derribando a innumerables delincuentes y criminales con puñetazos y patadas circulares.
La fuerza de los golpes de Norris —y la presentación en cámara lenta que los acompañaba— convirtió a Chuck en un luchador ficticio del que uno no se cansaba de ver, y que defendía un código moral aparentemente olvidado. No fue una coincidencia que obtuviera varios papeles que habían sido escritos originalmente para Clint Eastwood.
«Creo que Walker representa lo que la gente en general querría que representara», dijo Norris una vez sobre su personaje emblemático en una entrevista con el canal ScreenSlam. «Como agente de la ley, [Walker] es muy firme en sus creencias, pero al mismo tiempo tiene un lado tierno para con las personas que lo necesitan. Si eres una persona muy vulnerable, Walker es muy compasivo. Pero si eres el malo, Dios te libre».
Cuando Chuck Norris va a nadar, los tiburones salen del océano.
Norris comenzó su carrera en la pantalla como villano, pero sus mejores papeles le permitieron interpretar a una figura protectora. Lo que muchos de sus fans no saben es que, en pleno apogeo de su lucrativa filmografía, Chuck Norris—que se había convertido en un símbolo del machismo estadounidense— necesitaba ser rescatado.
«Mi carrera empezó a despegar», reveló en 2008 como orador de graduación en la Universidad Liberty, «y, por desgracia, fui absorbido por el mundo del entretenimiento de Hollywood y acabé alejándome de mi fe. Había hecho películas y tenía fama y fortuna, pero era muy infeliz y no lograba entender por qué».
Durante años, Norris se abrió camino en los hogares y los corazones de un público que buscaba un cierto tipo de héroe, utilizando pura fuerza física y ambición para «americanizar» las artes marciales y restablecer la simplicidad del bien contra el mal. Pero «cuanto más trabajaba», explicó, «más famoso me hacía, y más grande se hacía el vacío en mi corazón».
Mientras tanto, su madre, Wilma, ya anciana, oraba no solo por su éxito, sino también por su salvación, como Norris escribió en 2021. Oraba también para «que [yo] conociera a una mujer que cambiara mi vida».
Esta resultó ser Gena O’Kelley, su segunda esposa, todavía viva, quien, según Norris, reavivó las viejas llamas de la fe leyéndole la Biblia en voz alta: «Fue como si el Espíritu Santo me golpeara», les dijo a los graduados de Liberty. «Me dijo: “Chuck, es hora de volver a casa”. (…) Sentía fervor por el Señor y todavía lo siento hasta el día de hoy».
La fe de Norris influyó en sus convicciones políticas, lo que lo llevó a apoyar abiertamente a candidatos presidenciales republicanos como Mike Huckabee y Mitt Romney. Aunque en las décadas de 2000 y 2010 su figura se hizo más prominente en incontables memes de internet sobre su incomparable braveza, la fe discreta de Norris le dio oportunidad de conocer a otros creyentes, tanto dentro como fuera del mundo de la fama.
Acerca de su salvación, Franklin Graham dijo: «Parte de su testimonio cristiano consistía en que, cuando él era joven, volvió a consagrar su vida a Cristo en una de las Cruzadas de mi padre, Billy Graham». Greg Laurie, pastor principal de la iglesia Harvest Christian Fellowship, recordó que cuando conoció a Norris que «el hombre detrás de la leyenda siempre se apresuraba a señalar más allá de sí mismo. Nunca dejó que la fama se convirtiera en el centro de atención».
Jack Graham (sin parentesco con Billy Graham), pastor principal de la Iglesia Bautista de Prestonwood en Texas, dijo que fue el pastor de Norris durante la estancia del actor en Dallas cuando estaba filmando Walker, Ranger de Texas. «Chuck era, obviamente, un hombre hecho y derecho», escribió Graham, «pero también era un hombre de Dios… Fue verdaderamente un ícono en muchos ámbitos, y dejó tras de sí un legado duradero como creyente fiel y una huella indeleble como leyenda cultural».
Cuando Chuck Norris comete un error, el error se disculpa.
Además de una colección invaluable de películas, programas de televisión y cinturones negros, Norris también escribió nueve libros y fundó Kickstart Kids, una organización sin ánimo de lucro dedicada a las artes marciales para jóvenes. Además de su esposa, Gena, le sobreviven cinco hijos —incluida una hija que tuvo con otra mujer y a la que adoptó tras conocerla cuando ella tenía 26 años— y trece nietos. Anteriormente estuvo casado con Dianne Holechek.
Días antes de su fallecimiento, mientras celebraba su cumpleaños 86, Norris compartió un video de sí mismo: más canoso, pero aún moviéndose con energía mientras entrenaba kickboxing. El texto de la descripción del video era confiado: «Yo no envejezco. Subo de nivel».
Cody Benjamin es redactor jefe de noticias de Christianity Today.