En la noche del 17 de enero, decenas de personas se congregaron frente al centro de detención Zona 7, en Caracas, Venezuela. Con velas y pancartas que exigían la liberación de los presos políticos, se unieron al pastor Luis Méndez en oración: «Clamamos por la libertad de los presos políticos inocentes. Que se abran las puertas de las cárceles en todo este país, en el nombre de Jesús de Nazaret».
Detrás de él, policías con toda su indumentaria antidisturbios, vigilaban la escena.
Desde el 9 de enero, familiares de presos políticos han realizado vigilias frente a algunos de los 120 centros de detención del país, incluidos El Helicoide, Rodeo I, Tocorón, Ramo Verde, Yare y Zona 7. Algunos vestían camisetas con la consigna «Liberen a todos los presos políticos», mientras encendían velas, cantaban alabanzas como «Milagroso, Abres Caminos» y se arrodillaban en oración. En una de las vigilias, varias personas llevaban cadenas colgadas alrededor de sus cuellos mientras sostenían una bandera venezolana.
Las familias presionan al gobierno interino para que cumpla su promesa de liberar a los presos políticos tras la captura del presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. El gobierno había afirmado que excarcelaría a los presos políticos como un gesto de buena voluntad y de disposición a responder a las exigencias de Estados Unidos.
Desde entonces, el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez asegura haber liberado a más de 600 detenidos. Sin embargo, la organización de derechos humanos Foro Penal constató que solo 383 presos políticos han sido liberados, mientras que 650 continúan tras las rejas.
Tras 21 noches de vigilias, Rodríguez anunció el 30 de enero que propondría una ley de amnistía ante la Asamblea Nacional. La ley eliminaría los cargos impuestos desde 1999 —año en que Hugo Chávez llegó al poder— contra todos los presos políticos.
No obstante, los familiares de los detenidos y las organizaciones de derechos humanos se mantienen escépticos ante el anuncio.
«Recibimos con optimismo, pero también con cautela, el anuncio de la ley de amnistía que abarque a todos los presos políticos y perseguidos en Venezuela», señaló Alfredo Romero, director de Foro Penal, en un comunicado. «Esperamos que este paso contribuya a la justicia, la libertad, la paz y la reconciliación nacional».
Marcos Daniel Velazco, cuyo padre, Julio, sigue detenido en Zona 7, coincidió. «La ley de amnistía solo tendrá sentido cuando todos los presos políticos sean liberados», dijo a CT. «Desde que se hizo el anuncio, no ha habido un gesto real y masivo de liberación y perdón para los presos políticos».
Velazco afirmó que el único «delito» de su padre fue conducir un autobús para simpatizantes de la líder opositora María Corina Machado durante las elecciones de mayo de 2025.
«Mi padre fue secuestrado por el régimen y estuvo desaparecido durante 49 días», relató Velazco, quien actualmente vive en Estados Unidos. «Solo supimos de [su detención] cuando un tribunal de Caracas dictó una condena de 30 años de prisión, acusándolo falsamente de terrorismo y de intentar liderar un complot para asesinar a Diosdado Cabello, ministro del Interior».
Pero, según Velazco, Julio no es activista ni político. Es un distribuidor de carnes y un cristiano apasionado por compartir el mensaje del evangelio con todos los que encuentra.
Velazco cree que la verdadera razón del encarcelamiento de su padre es que el gobierno quiere usarlo para poner mayor presión sobre él para así obtener más información sobre María Corina Machado, ya que Velazco es amigo de la ganadora del Premio Nobel de la Paz. Tras reunirse con el presidente estadounidense Donald Trump el 15 de enero, Machado se encontró con Velazco frente al Capitolio de Estados Unidos y lo abrazó efusivamente.
Nacido en una familia evangélica, Velazco se interesó en la política desde joven y se afilió al partido socialcristiano COPEI. Estudió Ciencia Política en la Universidad Central de Venezuela y posteriormente lideró grupos juveniles alineados con el partido opositor Vente Venezuela.
Cuando se enteró de que las autoridades habían detenido a su padre, quedó profundamente conmocionado.
«No sentí odio, sino una enorme impotencia ante la injusticia», afirmó. «Ver a un familiar secuestrado como consecuencia del trabajo que uno hace es muy, muy doloroso».
Le preocupa la salud de su padre, ya que los centros de detención están hacinados y carecen de condiciones sanitarias adecuadas. El Observatorio Venezolano de Prisiones ha registrado 25 muertes de presos políticos desde 2015.
Desde que Maduro llegó al poder en 2014, el régimen ha detenido a casi 19 000 personas por motivos políticos y los ha recluido en 120 cárceles del país. La más conocida es El Helicoide, un antiguo centro comercial futurista que Chávez transformó en una enorme prisión y centro de tortura. En lugar de albergar tiendas de lujo, hoy mantiene cautivos a los detenidos capturados por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN).
Josnars Adolfo Baduel pasó cuatro años dentro de El Helicoide, donde fue golpeado, sometido a descargas eléctricas y asfixiado, según su hermana Andreína, quien preside el Comité por la Libertad de los Presos Políticos. En un momento, los custodios lo colgaron durante días, atado de las muñecas.
«Hemos sido perseguidos con crueldad simplemente por llevar el apellido Baduel», dijo Andreína.
El padre de Andreína y Josnars, el general Raúl Isaías Baduel, fue quien restituyó a Hugo Chávez en el poder tras el intento de golpe de Estado de 2002. Como retribución, Chávez lo nombró comandante del Ejército en 2004 y ministro de Defensa en 2006.
No obstante, un año después, la relación con Chávez se deterioró rápidamente cuando Baduel se manifestó contrario a la reforma constitucional que permitiría al mandatario perpetuarse en el poder y convertir a Venezuela en un Estado socialista. Por ello, las autoridades lo encarcelaron en 2009 y nuevamente en 2017. Murió en prisión en 2021, en circunstancias poco claras. Las autoridades también detuvieron a sus tres hijos, incluido Josnars, quien actualmente cumple una condena de 30 años por el delito de «conspiración».
Hace dos años, Josnars fue trasladado a la prisión de El Rodeo I, donde, según Andreína, se le permiten visitas semanales. Sin embargo, «me ha pedido que no vaya a verlo», explicó, «porque podrían arrestarme por mi activismo a favor de la libertad de todos los presos políticos».
Otro preso político destacado es Leocenis García, candidato presidencial del partido ProCiudadanos. Tras compartir en redes sociales un video en el que denunciaba a Maduro por fraude electoral, el SEBIN lo detuvo el 11 de septiembre de 2024, acusándolo de terrorismo. Meses antes de su arresto, García había hablado con CT sobre cómo Maduro buscaba conquistar al electorado evangélico. Señaló entonces que «al desaparecer la fe en los líderes políticos —tanto del gobierno como de la oposición—, la gente se ha aferrado cada vez más a sus creencias religiosas».
El padre de García, quien lleva el mismo nombre, temió lo peor la noche de la captura de Maduro, ya que Diosdado Cabello, mano derecha del exmandatario, había amenazado con matar a los presos políticos si Estados Unidos lanzaba una acción militar contra Venezuela.
Ahora, el padre de García considera que los detenidos están siendo utilizados como moneda de cambio en las negociaciones del chavismo con Trump.
«Están liberando gente de manera selectiva», afirmó García padre. «Los presos políticos son como fichas de negociación para este régimen».
Desde el año pasado, ha podido ver a su hijo todos los sábados. También se le permite llevarle alimentos y artículos de higiene personal, que su hijo comparte con otros reclusos que aún no pueden recibir visitas de sus familias.
Mientras tanto, Velazco señaló que dentro de los centros de detención el número de evangélicos está creciendo.
«Tenemos muchos Pablos y Silas en los centros de tortura de Venezuela», dijo Velazco, quien ha escuchado numerosos testimonios de familiares de presos políticos. «Estoy seguro de que sus oraciones romperán cadenas y traerán su liberación. Muchos entraron como incrédulos y han sido transformados y tocados por el Señor allí adentro».
Uno de los convertidos es el exdiputado opositor Freddy Superlano, también detenido en El Rodeo I, a quien su esposa, Aurora, vio por primera vez en 18 meses el 24 de enero. «No dejen de orar por nosotros. No dejen de alabar a Dios, porque desde adentro podemos escucharlos, y estamos orando con ustedes», recordó que le dijo antes de despedirse a través del vidrio de seguridad que los separaba.
Al igual que Superlano, a más detenidos se les han permitido visitas desde la salida de Maduro del poder. La esposa de Julio Velazco pudo verlo por primera vez el 27 de enero, casi 150 días después de su arresto. Lo encontró más delgado, pero esperanzado, convencido de que el día de su libertad estaba cerca.
Tras las rejas, contó que halla fortaleza en Isaías 41:10, un versículo que memorizó con sus hijos cuando eran pequeños: «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia».