En las primeras horas del 3 de enero, ataques aéreos contra Fuerte Tiuna, el complejo militar más grande de Venezuela, despertaron al pastor Ender Urribarrí y su familia. Desde su apartamento en Caracas, vieron explosiones mientras las fuerzas estadounidenses buscaban la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
«Logramos salir tan pronto como ocurrieron las primeras detonaciones y antes de que cerraran el acceso hacia y desde la ciudad», dijo Urribarrí, quien dirige la iglesia evangélica Encuentro con Dios en la Colonia Tovar, a las afueras de Caracas. Rápidamente envió una solicitud de oración por WhatsApp al grupo de oración de 24 horas de su iglesia e inmediatamente recibió respuestas de varios feligreses que se ofrecían a orar por ellos.
«En este momento, todo es confuso», dijo.
Para el sábado por la tarde, Maduro y Flores iban en camino a Nueva York, donde enfrentarían cargos federales ante el gobierno de Estados Unidos por tráfico de drogas y terrorismo. Maduro, quien había gobernado Venezuela desde la muerte de Hugo Chávez en 2013, estaba cumpliendo su tercer mandato como presidente después de declararse ganador de unas controvertidas elecciones en mayo de 2024. Bajo su gobierno, 8 millones de personas abandonaron el país debido a la hiperinflación, la represión política, la violencia de pandillas y la escasez de alimentos y medicinas.
Los venezolanos exiliados aplaudieron la destitución de Maduro, reuniéndose en las calles de Estados Unidos y algunos países latinoamericanos y europeos para celebrar la noticia. Sin embargo, quedan muchas preguntas sobre el futuro del país, y los líderes mundiales cuestionan la forma en que la administración Trump llevó a cabo los ataques.
En Venezuela, las reacciones fueron limitadas: muchos evitaron salir por temor a represalias de las fuerzas policiales y de los colectivos chavistas. Varios pastores venezolanos con los que habló CT se negaron a comentar sobre la captura de Maduro, incluido Urribarrí, quien declaró que la discreción es mejor hasta que baje un poco la tormenta.
Desde el sábado, una tensa calma ha prevalecido en Venezuela. En muchas ciudades, las calles estaban desiertas, ya que el transporte público se detuvo durante el fin de semana. Mientras tanto, largas filas de personas se formaron fuera de los supermercados mientras buscaban abastecerse de alimentos y gas.
«El país está paralizado», dijo el pastor Georges Doumat del Ministerio Apostólico y Profético del Dios Mayor en la Isla Margarita de Venezuela. «Algunos salieron en busca de alimento y combustible, pero nosotros como iglesia estamos haciendo lo que nos corresponde».
Muchas iglesias en Venezuela decidieron no realizar servicios en persona el domingo debido al temor de que surgieran nuevos ataques. La congregación de Doumat tuvo la oportunidad de reunirse porque su iglesia se reúne dentro de un centro comercial. Agregó que muchos feligreses no pudieron asistir debido a la escasez de transporte público.
Doumat predicó sobre el Salmo 65. Quería brindar «una palabra de esperanza en el Señor acerca de un nuevo año, con todas las dificultades con que lo estamos iniciando», dijo. «Pero tenemos la firme esperanza y la fe de que este año será el año en el que Dios dará paz y libertad a Venezuela».
El ataque de Estados Unidos llegó luego de meses de crecientes tensiones entre los dos países, incluidos ataques contra presuntos navíos venezolanos de contrabando de drogas, así como un ataque con aviones no tripulados liderado por la CIA en un puerto en Venezuela que se cree que era utilizado por los carteles de la droga.
La operación del sábado incluyó más de 150 aeronaves para desmantelar las defensas aéreas venezolanas y permitir que los helicópteros militares desplegaran tropas, según el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos. Añadió que no hubo bajas en las fuerzas estadounidenses durante la misión. Mientras tanto, un alto funcionario venezolano dijo a The New York Times que al menos 80 militares y civiles venezolanos perdieron la vida.
El presidente Donald Trump declaró inicialmente que Estados Unidos administraría Venezuela durante la transición, pero el secretario de Estado Marco Rubio matizó dicha afirmación, diciendo que EE. UU. continuaría bloqueando las exportaciones de petróleo venezolano. El país sudamericano tiene la reserva de petróleo crudo más grande del mundo.
La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien asumió el cargo de presidenta interina el lunes, criticó lo que calificó como una «agresión militar ilegítima» de Estados Unidos y sostuvo que Maduro sigue siendo el presidente de Venezuela.
El lunes, Maduro compareció ante un juez de Nueva York y declaró su inocencia. «No soy culpable. Soy un hombre decente», dijo. «Todavía soy presidente de mi país».
Horas después de su arresto, el Consejo Evangélico de Venezuela emitió un mensaje prudente, evitando celebraciones y pidiendo paz. «Animamos a todos a limitar su exposición a las redes sociales y a los flujos constantes de información», decía el comunicado firmado por el director ejecutivo, pastor José G. Piñero. «Sugerimos apartar un momento del día para informarse con criterio, y dedicar el resto del tiempo a la oración, la comunión fraterna, el servicio, y demás actividades que construyen el bienestar de nuestras familias e impulsan el Reino de Dios».
En contraste, muchos en la diáspora venezolana expresaron su entusiasmo por la noticia. Alrededor del 25 por ciento de la población venezolana ha abandonado el país, muchos de los cuales se han asentado en Colombia, que comparte una frontera de 2200 kilómetros con Venezuela.
«El mundo estaba pidiendo que sacaran a este hombre [Maduro] porque estaba haciendo mucho daño, no solo a Venezuela sino a todo un continente», dijo el pastor Aristóteles López, el fundador de la Marcha para Jesús en Venezuela, quien ahora vive en West Palm Beach, Florida. «Estamos presenciando cambios muy relevantes e históricos para Venezuela y América Latina».
López dijo que si bien él y su familia no se han unido a las celebraciones en las calles, se alegra de que finalmente llegue la justicia para «uno de los líderes de la dictadura». Y agregó: «Creo que más allá de celebrar, debemos tener cuidado con lo que viene para nuestro país. No creo que estos sean días fáciles».
En X, el cantante cristiano argentino-venezolano Ricardo Montaner, que vive en Miami, publicó una oración a Dios, pidiendo: «Señor, cuida y bendice al pueblo venezolano, llévate a los malos y permite que la paz reine, y que tu amor y misericordia guíen el futuro de todos los que te aman».
Líderes cristianos de otros países latinoamericanos también expresaron su esperanza de cambio en Venezuela. «Vienen días de restauración, de justicia, de regreso a casa, de abrazos que sanan y de esperanza que se vuelve canción», dijo el cantante cristiano colombiano Alex Campos en un video publicado en Instagram. El influencer cristiano mexicano Daniel Habif publicó un video donde se le ve sonriendo con lágrimas de alegría en los ojos: «¡No estamos soñando, está sucediendo, acaba de pasar!».
Mientras tanto, los líderes de países gobernados por la izquierda como Brasil, México, Colombia, Chile, España y Uruguay denunciaron conjuntamente la acción de Estados Unidos, describiéndola como una contravención a la Carta de las Naciones Unidas y una violación de la soberanía nacional de Venezuela, una violación que establece un «precedente peligroso para la paz y la seguridad regional».
«Defendemos las relaciones entre los Estados basadas en el respeto a la soberanía, el diálogo y la colaboración, nunca en la imposición o el uso de la fuerza», dijo la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. «Cooperación, sí; subordinación, no».
Alrededor del 30 por ciento de la población venezolana es evangélica. En los últimos años, Maduro intensificó su estrategia para favorecer a los líderes evangélicos dándoles dinero en efectivo, equipos de sonido y sillas para sus iglesias como una estrategia política para ganar votos en las elecciones presidenciales. Sin embargo, el Consejo Evangélico de Venezuela rechazó la influencia política en la iglesia, declarando: «El alma evangélica no está a la venta. Ya se ha comprado a un precio infinito».
En la Isla de Margarita, el pastor Doumat señaló que incluso cuando muchas iglesias permanecieron cerradas durante el fin de semana, los cristianos se reunieron en línea para orar. «Nuestras trincheras están en cualquier lado; no necesitamos estar en un [edificio] para clamar al Señor y para que el Señor nos responda», dijo. «Es un momento tenso, un momento difícil para nosotros como país».